lunes, septiembre 03, 2007

 

El Informe Presidencial.

Mucha fue la expectativa en torno a la forma en que habría de darse el primer informe de gobierno de la actual administración federal así como la postura que adoptarían los partidos miembros del Frente Amplio Progresista.

Los reflectores estaban puestos en lo que harían los partidos opositores. En si se permitiría el informe o se impediría de manera bárbara, en sí se reconocería tácitamente o no a un gobierno nacido de un proceso electoral ampliamente cuestionado, en si el Frente Amplio Progresista se resquebrajaba por albergar a partidos e individuos con distintas formas de pensar, en si Andrés Manuel López Obrador actuaba autoritariamente sobre los partidos del FAP y, en particular, sobre el PRD o sobre si el FAP en su conjunto y los diputados en lo particular habrían hecho a un lado a Andrés Manuel López Obrador. Nunca se cuestionó la posible actuación del Ejecutivo y sus partidarios. Nunca se cuestionó la actuación del PRI como fiel de la balanza.

Al final, la unión entre opositores no se rompió, se encontró un acuerdo sencillo para que la diputada Zavaleta asumiera la presidencia del congreso, de que la administración federal cumpliera el formalismo de entregar el informe presidencial.

¿Pero, que pasó? Que el Ejecutivo se lució, no fue capaz de disfrazar el autoritarismo que le caracteriza, incapaz de recibir la más mínima crítica. Invitó al diálogo, o al debate, pero apagó las cámaras y cerró los micrófonos aduciendo un “error técnico” de las mismas características del “error técnico” en las elecciones presidenciales.

Este es el diálogo que se propone, unilateral y vertical. Esta es la apertura que se pide y la disposición al diálogo que muestra la administración federal y el partido en el gobierno.





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